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¿Por qué siempre buscamos agradar a los demás?

¿Por qué siempre buscamos agradar a los demás?

A menudo confundimos la compasión con la co-dependencia, sin embargo, ambos conceptos distan mucho uno del otro, la co-dependencia tiene sus orígenes en el apego y está muy relacionado con una baja autoestima y falta de confianza en uno mismo, por el contrario, la compasión está relacionada con el establecimiento de límites, es decir, se trata de respetar nuestras propias necesidades como seres humanos e individuales que somos.

Culturalmente nos han inculcado la importancia de agradar a los demás, incluso ha sido visto como un acto de respeto hacia la otra persona. Desde nuestra infancia mamá y papá nos han lanzado mensajes desde su afán de darnos la mejor educación posible por nuestro beneficio a largo plazo, como el siguiente: “si no recoges todos tus juguetes mamá no te va a querer”, mensajes que quedan en nuestro inconsciente, y que seguramente repitamos como patrones, generación tras generación, ya que socialmente es más que aprobado.

En el colegio, nos enseñan a cómo hacer las cosas bien, incluso nos dan las instrucciones para hacerlo y agradar de este modo al profesor, nos imponen una responsabilidad de agradar o defraudar a nuestros padres en función de nuestros resultados, como si el simple hecho de sacar buenas notas fuese el resumen de un todo; de todo lo que representamos como seres humanos, olvidando de este modo nuestra propia esencia y cayendo en una visión de nosotros mismos muy reduccionista.

La compasión hacia los demás, no significa complacencia y esto no puede confundirse, ser compasivo con el resto de seres humanos, no significa dejar de lado nuestro propio auto-cuidado. 

Nos han enseñado que quedarse con la parte del plato que estoy elaborando y que se quemó en la sartén, me lo eche en mi propio plato para que así disfruten los demás.

¿Pero y qué pasa entonces con nuestros deseos y nuestras propias necesidades?

Un cuidado desde la compasión, consiste en no dejar al margen a uno mismo, sin embargo, es frecuente que a menudo dejemos que los demás crucen esa línea estrecha que representaría en este caso nuestros propios límites, esos límites que deben ser constituidos desde nuestra infancia, a través de nuestras figuras de referencia para protegernos y poner distancia hacia aquello que pueda ir en contra de nuestros propios valores. Por tanto, la compasión significa poder decir “sí” pero también poder decir “no” sin sentirnos culpables, y aunque suene contradictorio, el establecimiento de límites implica transformación y cambio, se trata de un movimiento hacia la resolución del problema, sin dejar de lado la honestidad con uno mismo.

El hecho de ser honestos con nuestras propias necesidades puede ser visto por el resto de la sociedad como “egoísta”, sin embargo, mantener este patrón de conducta genera frustración porque no estamos prestando atención a todo aquello que necesitamos. Estaríamos dejando que entrase en conflicto, lo que entendemos que “debería ser” como modelo educativo aprendido por nuestras figuras de apego de referencia o el contexto en el que nos hemos desarrollado, con nuestros propios deseos y como consecuencia generaríamos resentimiento hacia los demás en nuestro interior.

Mantener estos patrones de comportamiento, estaría relacionado con miedos inconscientes que a menudo buscamos esconder en lo más interno de nuestro ser, a través de la imposición de responsabilidades, deberes, exigencias, control…entre otras estrategias que nos aportan mayor seguridad en nuestro día a día. Hemos prescindido de valorarnos como seres humanos y hemos pasado a juzgarnos a partir de nuestras posesiones materiales. Nuestro valor ha pasado a estar en manos del “hacer”, con el modo de hacer las cosas, nuestra dedicación…entre otros muchos que haceres de la persona, en lugar del “ ser”, es decir, lo que realmente somos como seres vivos.

Pero entonces…Me hago una serie de preguntas, que me gustaría compartir con todos vosotros, los que estáis leyendo este blog en este momento, ¿Somos en función de lo que hacemos? ¿Nuestro valor estaría determinado en base a lo que hacemos? 

Este pensamiento tan reduccionista, como ya he mencionado anteriormente, estaría relacionado con el miedo al rechazo, al abandono, a la desaprobación del resto, miedo a la soledad, a equivocarnos, a no ser reconocidos, falta de confianza en nosotros mismos…etc.

¿Por qué nuestra forma de vida está guiada en base a esto y no con el objetivo de permitirnos ser felices valorando nuestro propio ser? ¿Qué pasa cuando no consigo cosas? ¿Cuándo pierdo cosas, pierdo valor?

Nos han educado a cuidar hacia fuera, sin embargo, os invito a cambiar la perspectiva hacia un acompañamiento, no solo ante nuestros logros, sino también ante nuestros fracasos.

La compasión no es complacencia, porque a través de la complacencia existe miedo, miedo al rechazo, a la desaprobación del resto, sin embargo, la compasión es coraje, consiste en no tener miedo al rechazo. Por tanto, la compasión y el respeto hacia los demás debe ir unido a la propia auto-compasión

¡¡Recuerda!!

Estar bien con uno mismo es sinónimo de estar bien con los demás, permítete ser tú mismo, desde la compasión.

Por Marta Olmedo JiménezNúm. Colegiada: CL05093

Marta Olmedo Jiménez
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